Sobre una identidad que existe, que es válida y que no necesita ser explicada
La bisexualidad es, posiblemente, la orientación sexual más malentendida dentro y fuera de la comunidad LGBT+. Mientras que en los últimos años ha habido avances significativos en la visibilidad y el reconocimiento de otras identidades, las personas bisexuales siguen enfrentándose a un conjunto particular de prejuicios que vienen desde varios lados al mismo tiempo: desde la sociedad heterosexual y, a veces, también desde dentro de los propios espacios queer.
Este fenómeno tiene nombre: se llama bifobia. Y su impacto en la salud mental, en la autoestima y en el sentido de pertenencia de las personas bisexuales es real y documentado. Este artículo no busca convencer a nadie de nada; busca despejar malentendidos con información honesta y dar visibilidad a una experiencia que durante mucho tiempo ha sido invisibilizada.
¿Qué es realmente la bisexualidad?
La bisexualidad es la atracción emocional, romántica o sexual hacia personas de más de un género. Esa atracción no tiene por qué ser igual hacia todos los géneros ni tiene que manifestarse de la misma manera. Una persona bisexual puede sentir atracción predominantemente hacia un género y ocasionalmente hacia otro, y eso no la hace “menos bisexual”.
La activista bisexual Robyn Ochs, una de las voces más reconocidas en este tema, describe la bisexualidad como la capacidad de sentir atracción hacia personas de tu propio género y de otros géneros, no necesariamente al mismo tiempo, no necesariamente de la misma manera y no necesariamente en el mismo grado. Esta definición amplia es la que hoy usan muchas personas bisexuales para describirse a sí mismas.
Los mitos más comunes y por qué no se sostienen
Mito 1: “La bisexualidad es solo una fase”
Este es probablemente el mito más extendido y uno de los más dañinos. La idea de que la bisexualidad es un estado transitorio, una etapa de camino a ser gay o heterosexual, no tiene ningún respaldo científico. Investigaciones en psicología y sexología confirman que la bisexualidad es una orientación estable y duradera para muchas personas. Que alguien eventualmente tenga pareja de un género específico no cambia su orientación, del mismo modo en que una persona heterosexual que está soltera no deja de ser heterosexual.
Mito 2: “Las personas bisexuales son infieles por naturaleza”
Este estereotipo es uno de los más injustos y también uno de los que más daño hace en las relaciones personales de las personas bisexuales. Sentir atracción hacia más de un género no significa ser incapaz de compromiso ni de fidelidad. La infidelidad es un comportamiento, no una orientación sexual. Personas heterosexuales y homosexuales son infieles con la misma variedad que cualquier otro grupo. Vincular la bisexualidad con la traición es un prejuicio, no un dato.
Mito 3: “Si estás con una persona del sexo opuesto, en realidad eres hetero”
La orientación sexual no se define por la pareja que alguien tiene en un momento dado. Una persona bisexual que mantiene una relación con alguien del género opuesto no se convierte automáticamente en heterosexual, del mismo modo en que alguien que está con una pareja del mismo género no se convierte en gay o lesbiana. La identidad bisexual existe independientemente del estado de la relación de cada quien.
Mito 4: “La bisexualidad no existe, es solo confusión”
Este argumento, que se escucha tanto en entornos conservadores como a veces dentro de espacios LGBT+, niega la experiencia de millones de personas. Decirle a alguien que lo que siente no existe es una forma de invalidación que tiene consecuencias reales: estudios sobre salud mental muestran que las personas bisexuales reportan niveles más altos de ansiedad y depresión que las personas gay, lesbianas o heterosexuales, y que una de las causas principales es precisamente esta invisibilización y falta de reconocimiento.
La bifobia dentro de la comunidad LGBT+
Uno de los aspectos más dolorosos de la experiencia bisexual es encontrarse con rechazo o desconfianza dentro de los propios espacios que deberían ser de acogida. Algunas personas gay o lesbianas desconfían de las personas bisexuales, cuestionan su compromiso con la comunidad o las ven como personas que “tienen un pie en cada mundo” y que por eso disfrutan de ciertos privilegios.
Esta dinámica es comprensible desde un punto de vista histórico: las comunidades marginadas a veces desarrollan mecanismos de protección que, sin querer, reproducen exclusión hacia adentro. Pero entenderla no significa justificarla. Una comunidad que se llama a sí misma inclusiva no puede permitirse dejar fuera a quienes forman parte de ella.
Las personas bisexuales no tienen la obligación de demostrar su identidad ante nadie, ni de justificar sus relaciones pasadas o presentes, ni de elegir un bando. Su experiencia es propia y merece el mismo respeto que cualquier otra.
Bisexualidad y latinidad: una combinación que aún busca espacio
En muchas culturas latinoamericanas, la conversación sobre sexualidad ya es de por sí complicada. Añadir la bisexualidad a esa conversación puede resultar especialmente difícil porque no encaja fácilmente en ninguna de las categorías que el imaginario colectivo reconoce. No es “lo heterosexual” que la familia espera, pero tampoco es “lo gay” que al menos tiene un nombre conocido.
Esto genera una doble invisibilidad: muchas personas bisexuales latinas no se sienten representadas ni en los espacios heterosexuales ni en los espacios LGBT+ más visibles. Construir esa representación requiere que empecemos a nombrar la bisexualidad con normalidad, a incluirla en las conversaciones y a reconocer que la diversidad dentro de la diversidad también merece espacio.
Hay una comunidad bisexual latina que existe, que crea, que organiza y que construye redes de apoyo. No siempre es visible en los grandes medios, pero está ahí, y merece ser vista.
¿Qué podemos hacer cada uno de nosotros?
La visibilidad bisexual no es solo responsabilidad de las personas bisexuales. Todos podemos contribuir a un entorno más justo con gestos concretos:
- Evitar preguntas que buscan “confirmar” si alguien es realmente bisexual. La identidad de cada persona no necesita ser verificada.
- No asumir la orientación de alguien basándose en su pareja actual. Eso borra la identidad bisexual de la persona.
- Incluir la bisexualidad en las conversaciones sobre diversidad sexual de manera natural, no como un caso especial que requiere explicación extra.
- Escuchar las experiencias de las personas bisexuales sin filtrarlas a través de los propios supuestos sobre cómo debería verse esa identidad.
La bisexualidad no necesita ser defendida ni demostrada. Solo necesita ser reconocida. Y ese reconocimiento, que parece pequeño, puede cambiar profundamente la vida de alguien que lleva años sintiéndose invisible en los dos mundos en los que debería poder sentirse en casa.











