El pasado 23 de marzo, un tribunal en la ciudad de Chitá, en Siberia, condenó a Tatiana Zorina, de 23 años, a cuatro años en una colonia penal, acusándola de “organizar actividades de una organización extremista”.
El cargo se basa en la supuesta vinculación de su discoteca con el llamado “movimiento LGBT internacional”, una figura que fue declarada “extremista” por la justicia rusa en 2023 y que ha servido como base para múltiples persecuciones.
Además de la condena, Zorina enfrentará restricciones adicionales tras su liberación, como la prohibición de administrar plataformas o participar en organizaciones públicas.
Organizaciones de derechos humanos como Amnistía Internacional se pronunciaron al respecto, afirmando que: “Gestionar un local donde las personas LGBTI puedan ser ellas mismas no es un delito”.
El caso de Tatiana Zorina no solo marca un precedente judicial, sino que confirma una tendencia, la criminalización sistemática de la diversidad continúa profundizándose en Rusia.
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